Andar de la mano en la calle con la mujer que amas, a parte de ser una excelente arma de visibilidad, es maravilloso ¿no?, por lo menos a mi me encanta. La primera vez que anduve de la mano en la calle con mi entonces “andante” fue bastante traumático, mas que nada por que ella me presionaba a hacerlo. La gente nos miraba y yo me sentía muy observada, las señoras miraban juiciosas, los hombres lanzaban sus típicas estupideces “¿ah son lesbianas?” o “uy, una morenita y una rubiecita” con sus voces morbosas y los conocidos respondían con ojos abiertísimos a nuestra caminata.

La segunda vez fue por que quise. Caminando por la calle, simplemente le tomé la mano por que me nació hacerlo y fue exquisito. Y lo que me pareció más increíble, nadie parecía ofenderse con tal acto de amor… ¡las señoras hasta nos sonreían! Así llegue a la conclusión que lo que hacia que la gente reaccionará mal ante nuestras muestras de cariño, era nuestro miedo y no nuestras demostraciones de afecto.

Está claro que caminar de la mano en la calle siendo dos mujeres, nos pone en la mirada de quienes se interesen. Seguramente much@s nunca “pensarían mal” de dos chicas que caminan con desenfado por la calle unidas de las manos, “el que nada hace nada teme”, pensaran, pero si hay quienes se dan cuenta y esas en su mayoria son las otras lesbianas. Muchas veces caminando con mi pareja de la mano nos hemos topado con otras chicas “del gremio” y se crea una especie de complicidad muy entretenida.

Hay dos de estas ocasiones que recuerdo con mucha gracia y las contaré a continuación.

Reconociéndonos en la playa

En San Antonio, en el año dos mil, creo, caminábamos de la mano por un paseo a la orilla del mar de San Antonio con mi pareja de esa época (mi primera pareja), conversando, dándonos besitos, en fin… romantiqueando, y a lo lejos vimos a una pareja de chicas caminando juntas, “estas son tortas” nos dijimos con mi ex, mientras nos acercábamos, mi ex era muy dada a dar muestras de su lesbianismo a otras lesbianas (y en general cualquiera que la viera) para reconocerse en la calle (nunca entendí bien por qué), así que mientras nos acercábamos me tomo de la cintura y fue grande nuestra sorpresa cuando una de las chicas nos miró con decisión y le tomó la mano a su compañera orgullosamente mientras nos saludaba con un movimiento de cabeza. Le sonreímos y seguimos nuestro camino.

Reconociéndonos en la micro (transporte público)

Cuando recién empezábamos nuestra relación, mi pareja actual y yo viajábamos en micro para llegar a mi casa. Uno de esos días íbamos en una micro, sentadas tomadas de la mano. En una de los paraderos se subieron unas chicas (no recuerdo cuantas) y una de ellas nos miró y sonrió y se fue gran parte del camino cantando canciones que tocaban en la radio pero cambiando las “os” por “as” mientras nos miraba “disimuladamente”. Al llegar a Plaza Italia se bajaron y la chica cantora nos grito desde la calle, “¡Yo también soy del club!”, nosotras la saludamos desde nuestro asiento.