Por Acuarelacool

El humo en el aire invitaba aún más a la reflexión. De fondo electro jazz, un par botellines de cerveza y frente a mis ojos, una de mis mejores amigas, con la que siempre me ha fascinado hablar. Algunas veces hablamos de sexo. Es algo anecdótico y cuando intento verlo desde fuera, me doy cuenta de que hablamos como si la una no conociera la realidad de la otra. Ella me habla de lo que le gusta de un hombre, yo le hablo de lo que me gusta de una mujer. Una conversación que enriquece por contraposición. Ella no concibe el sexo sin un sexo masculino y yo le hablo del “alternativo mundo osibilidades del sexo lésbico”. A mí me cuesta creer que alguien no pueda entender el sexo sin un pene. A ella le cuesta creer cómo yo puedo entender el sexo sin un pene. Respect. Es cuestión de gusto.
Pero otra cosa es que en otras situaciones alguien pueda juzgar tu realidad desde su realidad porque peca de pensamiento heterosexista ¿a quién no le ha pasado?

¿De dónde surgió esa idea de que las lesbianas acuden a los juguetes sexuales para completar sus relaciones sexuales porque no tienen pene? ¿Solamente porque ciertos juguetes imiten la fisionomía del pene masculino significa que sustituyan sus funciones? (¡Holaaaa!) Cuestión de marco. Podemos mirar las cosas desde una estrecha cerradura o podemos abrir la puerta y ver las cosas de otra forma… Cuando decimos “pene de plástico” estamos mirando por una cerradura…

Pregunta, pregunta ¿en qué momento de la Historia surgieron estos hoy en día considerados juguetes sexuales o dildos?

TOC TOC

¿abrimos la puerta?

Hay un artículo de Beatriz Preciado (que recomiendo leer) que hace un análisis histórico revelador. La tecnología sexual pasó por varias etapas. Primero una etapa en que los aparatos (sexuales) eran creados para controlar el placer porque el sexo era malo malo. Luego, una etapa en torno a la Primera Guerra Mundial, en la que se desarrollan tecnologías de corte sexual con la excusa terapéutica. Sí, los dildos se utilizaban para tratar la histeria en mujeres por ejemplo. Con la revolución feminista de los años 60 llegaría el uso libre del placer por parte de la mujer (oh yeah baby) y con ella los dildos como los entendemos hoy día.

La idea de Beatriz Preaciado que para mí es más intersante es la de que los juguetes sexuales que se utilizan en las relaciones lésbicas no son una sustitución del pene, sino una prolongación de la mano lésbica. Subvierte totalmente el pensamiento falocéntrico ¿Por qué? Porque una mujer lesbiana no construye sus relaciones a través de un falo de plástico. No lo necesita. Sólo existen dos mujeres. No hay falo que sustituir, ni masculinidad que construir. Un dildo es un complemento a sus relaciones, algo que puede elegir utilizar o no.