Por Chloe Pepper

Había llegado el momento de hacerlo, de contárselo a mi madre!!!! Y todas pensaréis: “pero chica, si ya tienes una edad!! Deberías haberlo hecho cuando descubriste que mirabas más a Scully que a Fox!” Pero tenéis que comprender, queridas amigas, que cada historia tiene su historia y en la mía podéis encontrar una madre de juventud opusiana, un ambiente adverso (en mi casa nadie habla de sentimientos) y un deseo increible de viajar a cualquier otro lugar.

Pero ya era hora de empezar a abrir la caja de Pandora, al menos con ella. Porque llevaba un tiempo creyendo oir mensajes subliminales en sus palabras: “cuando encuentres a la persona adecuada”, “un día tendrás novio… o novia” y claro, una empieza a sospechar que su madre, anteriormente sectaria, está empezando a abrir su mente. Realidad o ficción?

Pues volvía a casa por vacaciones. Ya le había contado a todo el mundo lo que pretendía hacer. Porque en mi vida todos lo saben. Mi homosexualidad es mundialmente conocida, mis amigos, mis conocidos, mis vecinos, mi novia (como no…) Así que no había marcha atrás, si no lo hacía todos me llamarían cobarde.

Os podéis imaginar la noche antes de salir de compras con ella. Sudores, nervios, insomnio, más sudores (esta vez por la dichosa talla 0) y ataques a la nevera (lo que provocaba más y más sudores)

La mañana siguiente me despertó una voz.
- Nena!! vamos a renovar el vestuario!
- OK, Ma primero una ducha…

Yo conducía el coche camino al centro comercial y mi madre me ponía al día con las noticias del area local.
-Pues el marido de la Patri, la del quinto, le ha dejado. Pero mejor, porque creo que ese hombre sólo toca el agua cuando llueve. Hombres, los odio!
-Hombres…- digo. Mientras mi cabeza piensa… “si toda mujer que alguna vez ha dicho eso realmente odiase al género masculino entonces el mundo estaría lleno de lesbianas…”

Soy del tipo de personas que se cortaría las venas antes que ir de compras con su madre. Pero moriré antes de reconocérselo (publicarlo en un blog internáutico no cuenta) El caso es que tenía que encontrar un lugar público, neutro, rodeado de gente y a la vez sin gente alrededor. Estaba todo planeado en mi mente. El centro comercial, el café del centro, vacio casi siempre debido a la mala reputación de las tapas.

-Bueno hija, y entonces cuando vuelvas de Coñolandia… qué? Porque quieres ahorrar, no? Creo que lo mejor sería que te quedases en casa mientras trabajas y…
-Ma, Ma, es que no quiero volver a casa. Es que Ma, tengo algo que contarte-. Directa al meollo… Además sabía que si empezaba con esa frase, aunque fuese muy típica y estúpida, no podría echarme marcha atrás. -Ma, ante todo quiero que sepas que soy muy feliz. Porque la vida es como una caja de bombones, Ma. Y sabes que yo adoro los bombones, Ma. Mira,- dije señalando a una mujer -un bombón!!!

Vale, no fue asi la cosa, pero no me digas que no habría tenido su gracia.

El caso es que se lo dije. Y ella por toda respuesta se golpeo la nariz dos veces con el dedo indice y sonriendo dijo:
-Me lo olía.

Seguimos hablando durante horas. Confesiones, recuerdos, años de silencio…

Y creo que este tipo de cosas son más importantes de lo que queremos creer. Al fin y al cabo ellas nos parieron, ellas nos han criado, ellas son algo fundamental de nuestra existencia pasada. Y contar con ellas en el futuro no solo es bueno, sino tambien fundamental para sentirnos completas. Ellas, madres, hermanas, amigas, mujeres.