Por Helena

Los cuentos, las canciones infantiles, las películas destinadas a las niñas y a los niños, el lenguaje, las expectativas, los juguetes…Un todo que les configura para la heterosexualidad más absoluta. Entorno a ellos sólo se respira la posibilidad heterosexual. La “otra opción” se les comenta (y si sus progenitores lo ven conveniente) años más tarde, se les comenta entre dientes y como por obligación.

Si bien es cierto que un niño o niña no tiene un desarrollo sexual adulto también es cierto que desde que nace se le educa en la heterosexualidad y que puede observar ambas posibilidades desde el principio.

Ningún adulto en su sano juicio quiere actualmente que se discrimine abiertamente a los homosexuales, no obstante no contempla ni desea advertir esa posibilidad para sus hijas e hijos, lo percibe como algo negativo y doloroso, y por tanto son ellos mismos (los adultos) los que perpetúan esa imagen distorsionada e irreal de las personas que deseamos y amamos a gente de nuestro mismo sexo. Los que fomentan conductas discriminatorias, los que obvian una parte de la realidad, una posibilidad de ser.

Una niña o un niño no tiene por qué ser heterosexual ni homosexual, sólo él o ella lo sabe y le irá dando forma sexual a su propio ser, mientras tanto nadie, y digo nadie, debe tener el poder de guiarlo/a hacia nada pues a eso se le llama coacción emocional y sexual.