Por Miss Fiamma

Sally conoció a Sally cuando esta última se incorporó a su trabajo. Esto sucedió en 1998. En febrero de 1998, para se más precisos.
Sally recién llegaba y apenas debía concurrir un par de veces a la semana, un par de horas cada día.
El grupo de trabajo era bastante compacto. Una pandilla simpática que hizo todo lo posible porque Sally se incorporara rápidamente.
Sally, muy extrovertida, fue de las primeras en acercarse a la recién llegada. Sally recibió todas las bienvenidas, pero con alguna reticencia al hablar de su vida privada: ella estaba de novia con otra chica y no tenía intenciones de hacerlo público en el ámbito del trabajo.
Mientras tanto, Sally estaba saliendo con un musculoso de flequillo inquieto. Poco duró. Menos mal. Luego siguió conociendo un candidato por sábado, al que descartaba de inmediato. También se puso de novia con un cargoso que no la dejaba ni a sol ni a sombra: la llamaba a todos lados, aparecía en todas las reuniones sociales. El cargoso casi gana la partida y se casa con ella. Pero a último momento, Sally mandó todo al cuerno. Menos mal. Poco había pasado del 2000.
Sally, por esos años seguía con alguna novia, viajaba mucho, se había comprado una casa y finalmente “había formado una familia” (violines, por favor). La otra Sally la había invitado repetidas veces a exposiciones, cenas, bares “in”, etc. Sally rechazaba las invitaciones sonriente y volvía a su casa a hacer flancitos. Pero la versión femenina de “la familia Ingalls” (“La casa de la pradera”, para lectores ibéricos) no iba a durar. Menos mal. Sally se separó. Avanza el 2006. Un año de soltería, y casi al final del mismo, decidió aceptar la invitación a tomar un café, “solas” en casa de Sally con la promesa de que le leyera la borra del café. Caminaron juntas por la calle y sintió el hombro de Sally (justo de ella, la que salía con tipos!!) pegado a su hombro. Menos mal.
Sally leyó concentrada la borra del café de Sally. Comentó extrañada que no veía ningún varón, que quien aparecía como una pareja se veía con rasgos femeninos (“veo una mujer muy femenina a tu lado, en poco tiempo”). Sally sonrió y dijo la verdad de la milanesa. Le explicó por qué era lógico que sólo vea mujeres cortejándola en la borra de su café.
Sally no se espantó frente a la declaración. Sonrió y preguntó cosas. Menos mal. Se hizo de día y siguieron charlando.
Sally y Sally comenzaron a frecuentarse, se veían casi a diario.
Sally y Sally se enamoraron.
Sally y Sally ya han comenzado el otoño juntas.
Menos mal.