Por Susana para Ambiente G

Hay algo en el retraso social de este país que me saca de quicio.

Admito que legalmente estamos mejor que nadie –aquí podemos incluso adoptar- y que en la calle se empieza a ver el cambio debido a los años y años de lucha por la visibilidad, pero ¿dónde están las lesbianas?

No me refiero a la panadera, la peluquera o la chica que se sienta a tu lado en la oficina; éstas, muchas, la mayoría, están fuera del armario. Me refiero a las lesbianas que gozan de cierta notoriedad por ser actrices, políticas, cantantes, deportistas…

Sí, quiero una lesbiana famosa, y la quiero para que esa niña de once años que está mirando la tele después del colegio sepa que la chica que ve en la pantalla cada tarde es feliz y tiene éxito viviendo con otra mujer. Es decir, quiero un Jesús Vázquez en femenino.

Todos los modelos que tenemos son mujeres extranjeras –Ellen, Rosie, Melissa, K.D., etc-, o muertas –Virginia Wolf, Marguerite Yourcenar-, o bien su relevancia social fuera del ambiente es mínima.

No faltará quien se pregunte si esa lesbiana existe. Pues sí, sí que existe y hay más de una, pero sólo necesitamos que una primera de el paso para que las demás la sigan.

Podéis pensar tanto como queráis, pero no os saldrá ninguna –la revista británica Diva incluyó en una de sus listas de lesbianas más influyentes a una deportista española, pero ella nunca lo ha confirmado-.

No quiero líos de prensa rosa tipo Gran Hermano como los que hemos tenido, ni acusaciones a mujeres muertas que no se pueden defender. Lo que yo deseo es que una profesional de éxito cuyo nombre esté en la boca de todos los españoles tenga la osadía de decirles a todos ellos que se acuesta con una mujer.

Entiendo la exposición y pérdida de intimidad que esto implica, y por ello esa primera mujer se ganará el respeto y el apoyo de todas las lesbianas que deseamos que el hecho de ser lesbiana sea algo tan normal como no serlo.