Por mariasimona

Desde que salí del clóset por segunda vez hace once años creía tener claro que todo el mundo debía hacer lo mismo a como diera lugar; con los amigos, en el trabajo y sobretodo con la familia. A como diera lugar quiere decir que no debía importar ni el lugar ni el momento, porque lo fundamental era quitarse ese piano de encima y empezar así a andar ligero por la vida.

Hoy entiendo que mis circunstancias eran y son particulares -como supongo que lo son la de todas nosotras-, pero era tan tortuoso guardar silencio y esconder el secreto que al salir del clóset no encontré sino una gran liberación.

Salvo el rechazo frontal de una examiga de la universidad, y los tres meses en que mi mamá se encerró a tratar de dilucidar que era lo que había hecho tan mal, no hubo mayores consecuencias para los demás. En cambio para mi no tuve sino experiencias liberadoras. No perdí el trabajo, no perdí más amigos que la ya mencionada, mi familia se acomodó rápido a verme contenta, y lo que era un chisme dejó de serlo, desde ese momento fue el mundo el que se adaptó a mi y no al revés.

Digo que mis circunstancias son particulares justamente porque mi entorno fue y es “tolerante” (no me gusta la palabra pero no encuentro otra). Se que hay mujeres que no tienen la misma suerte y que el miedo que sienten tiene fundamentos reales: miedo al rechazo, a herir a los demás, e incluso a la agresión. Por eso hoy no tengo tan claro que se deba salir del clóset a como de lugar, creo que cada cual encuentra su momento y su manera de hacerlo.

Toda esta diatriba viene a cuento porque mi novia esta pensando en la mejor manera de salir del clóset con su mamá, y yo, contrario a tener la respuesta inmediata y contundente de otros años me debato entre el silencio y la prudencia.