Por Miss Fiamma

Sally (reader) había encontrado por casualidad el blog de Sally (writer). Harta de los lesbo-pasquines, creyó que el blog de Sally (writer) era un remanso. Y la leyó, la leyó y la leyó. En dos días de insomne entusiasmo ya había leído todo el archivo del blog. La había emocionado el primero que hablaba de una novela francesa de lesbianas, Las amigas de Eloísa. Sally (reader) la había leído hacía muchos años y creía que nadie más la conocía en este mundo. Y justo Sally (writer) venía a escribir sobre eso…

Sally (reader) creyó –sin dudarlo– que había encontrado a su alma gemela. Ambas hablaban los mismos idiomas (y los entreveraban, caprichosas), escuchaban la misma música (amaban la ópera), hablaban de los mismos sitios lejanos que habían conocido por motivos diversos.

Sally (reader) comenzó a dejarle comentarios en el blog. Necesitaba ganarse la atención de Sally (writer). Le escribió tenerezzas en dos o tres idiomas diferentes, le ofreció música, le propuso transcribirle una novela inconseguible y enviársela vía mail.

Sally (writer) se pegó un susto de aquéllos. Sólo podía barajar dos variables: o estaba frente a la mujer de su vida (por exceso: descartable) o estaba frente a una freak acosadora (por defecto: más descartable todavía). Ella estaba en pareja pero no podía dejar de oír el canto de sirenas que encerraban las palabras de Sally (reader) –mismos poetas, misma visión de mundo.

Pasaron los meses. Ni se tuteaban. Ni usaban el mismo idioma en dos mensajes seguidos. Ni dejaban de escribirse.

Un día, cerca de Navidad, Sally (writer) le pregunta a Sally (reader) si no tenía ella también un blog. Y no tenía. Pero la pregunta funcionó como un “fiat lux” que resultó ser un “fiat blog”. Sally (reader) inmediatamente creó un blog ante lo que entendió era un pedido de Sally (writer). Esa sería su ofrenda silenciosa. Sally (writer) la leería y también le escribiría. Ese blog sería otro medio de contacto.

Y pasó más tiempo todavía. Sally (writer) siguió escribiendo, pero desde muy lejos. Ahora también los kilómetros las separaban. Sally (reader) siguió leyendo y sintiéndose muy cerca.

Por no aburrir a lxs lectores diremos que S (writer) volvió y que S (reader) le ofreció una sinfonía de Vaughan Williams. S (writer) se hartó y tomó el guante. Intercambiaron direcciones de mail y se encontraron (6 meses después del primer contacto) en una conversación en tiempo real en el MSN. Sólo se escribieron. Sin cámaras ni micrófonos.

Sally (writer) no soportó más la tensión y largó desde el fondo de su alma y de la pantalla del MSN un imperativo categórico: ¡Cene conmigo!

Y así fue. Sally (reader) resultó una belleza de ojos verdes y voz de contralto que la esperaba en un tailleur de Giesso. Sally (writer) era la beldad etérea y esbelta que la otra esperaba.

Se gustaron.

Mucho.

Se preguntaron lo impreguntable en otros idiomas para jugar a que eran “otras” y la lengua materna no las delatara en ese deseo que les trepaba por las pantorrillas como una lagartija. Así no había censuras ni controles.

Se sintieron fascinadas la una por la otra, hasta que el deseo se volvió dolor para el cuerpo. Ya esa noche se despidieron con un primer beso en la boca. Sally (writer) le puso una palma sobre el pecho y verificó que allí latía un corazón.

No se vieron la noche siguiente. Pero se escribieron y enviaron textos que tocaban el cuerpo y el alma. El deseo se les salía por las palabras. Esa fue la primera nuit blanche compartida, haciéndose el amor pero sin verse ni tocarse.

Al día siguiente se conocieron (así como la Biblia dice que no se conocen las mujeres entre sí). Y fue la gloria.

Unas semanas más tarde S (writer) llegó a decir un “mi amor”. Poco después S (reader) respondía un “te amo”.

Sally (reader) y Sally (writer) no volvieron a separarse. Seguramente las podrán ver de la mano, caminando por Palermo. O besándose mientras S (reader) al volante espera la luz verde del semáforo.

La blogósfera las acercó y cada una considera haber conocido a “la Sally de su vida”. Sally ama a Sally.

There’s no Harry. So sorry.

* tomado de la querida Lucy (gracias)