Por Cultura Lesbiana
Por Susana Tonelli, publicado en Soy
Tanta timidez era una provocación a mi ruidosa manera de ser. Pero yo también sé estar en silencio, y allí nos encontramos. Ruidosa pero jamás me le había tirado a una chica… Un coraje, que creemos masculino, afloró de repente: era tanto el deseo que no me importó nada. Cuando uno sabe adonde va, se pone creativo. Le hablé, le dije que me pasaban cosas con ella y me dijo: “Sí, es cierto, hay onda”. Y enseguida me retrucó: “¿Me vas a dejar acá o me vas a invitar a subir?”. Reaccioné, aún perpleja, y subimos hasta el piso doce.
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Si bien mis padres ya veían algo “raro” en mi forma de vestirme, en mis opiniones tan rebuscadas, en mi constante desafío a la autoridad y las normas, poco les quedaba para que derramara la última gota del vaso de la pequeña revolucionaria. Burlonas pláticas familiares respecto a mis ideales citables: “las feministas siempre son tortilleras” “los vegetarianos siempre son gay, ¿será aplicable a las mujeres?” no me causaban relevancia, pues como bien entenderán mi vida privada era cosa mía. Desastroso y pasional encuentro amoroso termino como declaración familiar de mi evidente preferencia por las féminas, tortuosa confirmación de mi indiferencia con los varones y tragicómica excusa a mis esquivaciones a mis nunca ausentes pretendientes (no carentes de méritos).
La primera vez que tuve una relación con una mujer fue en un videojuego: los Sims. Puede parecer patético, y no niego que lo sea, pero yo prefiero agradecer a mi inconsciente que se esforzara por mostrarme mi realidad a través de caminos tan creativos, porque si no, ¿qué sería de mi blog?
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