Por Colaboradora
Por Miss Fiamma
Yo tenía 12 años. Había comenzado el Liceo. No me gustaban los varones ni las mujeres. Estaba “en otra cosa”. Hasta que la conocí a ELLA. ELLA era profesora de geografía. Ni siquiera era MI profesora (lo que yo hubiera dado por que ella fuera algo mío…). Se llamaba Celina, debía tener algo más de treinta años y era, según mi confiable definición, la mujer más hermosa del mundo. Rubia, delgada, con manos muy delicadas y un anillo de sello en oro en el meñique. A veces usaba unos pantalones de cuero que me dejaban k.o. Tenía un andar particular. Imposible de describir. Caminaba con una elegancia calma que me capturaba. Tenía rasgos hermosos, como nunca había visto a mis jóvenes años.
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Mi nueva vida empezó el día en el que dejé a mi ex novio. Ese mismo año me hice budista, vegetariana, renegué del amor y supe que tres de mis amigas eran lesbianas.
Hace varios meses me encontré con
Mi mujer ya me había advertido, sus papás estarían pronto en México y quería que comiéramos juntos. Ya había tenido la oportunidad de conocer a su
Sally conoció a Sally por la más pura de las casualidades. Había enviado, cual mensaje en un botella, una respuesta por medio del ICQ. Sally vivía con su madre desde hacía algunos años. Ya había pasado los 30 años y había decidido que no quería volver a tener novio… sino novia. La PC había ayudado en la empresa, había conocido a una argentina que residía en los EEUU. Pero eso no era una novia. Era una lejana y amorosa “chica del clut” con la que podía chatear. Sólo eso.
Levanto la mano y uno de ellos acude a mi pedido.
Hace unos días estuve junto con Izel y unas amigas viendo
Una vez le contaba a alguien sobre que probablemente me gustaba una amiga cuando tenía unos 11 años, claro que no me daba cuenta de la clase de ese “gustar”.
Pasada la medianoche del sábado 16 de junio llegamos al antro musical de la discriminación: 
Día Internacional Contra
la Homofobia y la Transfobia