Por Cultura Lesbiana
Por Juana Ramos
Si no vives como piensas acabarás pensando como vives, grafiti del Labo.
Para empezar quiero afirmar que los contenidos expresados en este texto son producto de mi punto de vista particular, elaborado a través de reflexiones realizadas sobre la transexualidad, considerando que existen diferentes puntos de vista, y que mi objetivo consiste en compartirlo con vosotras sin pretensión de ser la portadora de la verdad absoluta, máxime en un terreno tan desconocido y escurridizo como la transexualidad, y a la vez tan rico y representativo de una de las más deliciosas virtudes del ser humano: la diversidad.
Habitualmente tendemos a creer que una persona se cambia de sexo principalmente para adaptar su homosexualidad a un estatus de normalización heterosexual. Nada más lejos de la realidad, como demuestra la existencia de diferentes orientaciones sexuales en personas transexuales. La identidad de género por un lado y la orientación sexual por otro son diferentes aspectos de la esfera sexual de la personalidad, independientes entre sí. Existen todo tipo de combinaciones.
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Ya sabemos que no todas somos heterosexuales, como el Papa Juan Pablo II hubiera deseado que creyéramos. Pero no somos todas lesbianas, tampoco. Ni todas bisexuales. Por suerte, somos todas distintas
El síndrome de fibromialgia es una forma común de fatiga y dolor muscular generalizado. La enfermedad es crónica y su principal síntoma es el dolor muscular. Por lo general ocurre en todo el cuerpo, aunque puede comenzar en una región del mismo y extenderse a otras áreas con el tiempo.
El efecto McClintock, también conocido como sincronía menstrual o regulación social de la ovulación, consiste en la sincronización de los ciclos ovulatorios de dos o más mujeres. Este fenómeno ocurre principalmente entre mujeres que conviven durante largo tiempo, como hermanas, madres e hijas, compañeras de cuarto, monjas o parejas de lesbianas. También ha sido observado en animales como ratones o conejillos de indias.
El punto de Gräfenberg, más conocido como punto G, llamado así en honor de su descubridor, el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg, es una pequeña zona del área genital de las mujeres localizada detrás del hueso púbico y alrededor de la uretra.
Muchas mujeres lesbianas y bisexuales tienen un concepto equivocado sobre el riesgo de transmisión de ITS entre mujeres y piensan que hay poco o ningún riesgo. Esta concepción errónea también es compartida por proveedores de salud y está relacionada con los pocos estudios que hay sobre este grupo.
Así se titula la exposición recientemente inaugurada en Noruega sobre la homosexualidad en los animales.
Por Doctora Anaí, ginecóloga 